El pensamiento, según Dewey

Dewey

El norteamericano Jonh Dewey (1859-1952), clasificado habitualmente con poca coherencia entre los funcionalistas de Chicago a comienzos del XX, fue, a muchos de los efectos que los intelectuales suelen tener sobre la sociedad, un ejemplo y referente. Abrir la mente entre la hecatómbre de entreguerras (20 y 40) buscándole las dimensiones aplicadas a las ideas (pensamiento y acción) no ha sido muy frecuente en cualesquiera épocas. Tal vez su período de vida no le ha hecho justicia a un pensador del que se puede aprovechar mucho.

En este fragmento no se pretende concretar su pensamiento y aplicaciones. Expresa aún algo más perentorio y exigente: cómo se forma y alimenta el pensamiento, el pensamiento “reflexivo”, enfatiza pleonásticamente Dewey. Pero sí resalta la importancia de la memoria para pensar. Y de lo percibido.

El pensamiento se inscribe para Dewey en una relación entre lo que ya sabemos, nuestra memoria y lo que percibimos. Con esta trilogía damos significado a las cosas, creamos, inferimos más allá de los que nos viene dado y eso es el producto “pensamiento”.

“La inferencia tiene lugar a través de la sugerencia de todo cuanto se ve y se recuerda; esa sucesión de ideas es el pensamiento.”

Dewey basa todo este proceso en dos recursos básicos e innatos: la curiosidad y la sugerencia o ideas espontáneas. El pensamiento debe conducir alguna meta: una acción, un resultado.

Dewey defiende que el resultado requiere un pensamiento reflexivo, es decir,

“poner orden a esa sucesión de ideas, que no debe convertirse en una simple concatenación de ideas en relaciones de consecuencias, sino que poniendo un cierto orden promueva un pensamiento dirigido hacia alguna meta.”

Sustentando la relación entre pensamiento y racionalidad justo esa conducción a un pensamiento reflexivo por medio de la cuidadosa comparación y equilibrio de evidencia y sugerencias con un proceso de evaluación de lo que tiene lugar para llegar a detectar las relaciones más precisas que éstas le permitan, 

“por tanto la racionalidad no se puede quedar solo en la observación sino que se debe escudriñar la materia, inspeccionar, indagar y examinar la exactitud”.

“Una idea es un plan de acción que tiene una función constructiva, pues las ideas surgen para resolver problemas, aceptando como verdadero de entre todas las ideas la más exitosa”.

 La racionalidad de Dewey se relaciona con el pensamiento en la idea del método reflexivo (competencia lógica) introduciendo conocimiento empírico que conduzca a alguna meta desde la iniciativa, la espontaneidad, trabajo y responsabilidad.

Esta construcción lleva a algo por hacer y a un resultado, afrontando una dificultad mental en cinco fases:

  1. aparición de sugerencias,
  2. intelectualización de la dificultad,
  3. elaboración de hipótesis,
  4. razonamiento y
  5. comprobación de hipótesis.

Así pues, la racionalidad del pensamiento reflexivo: a) hace posible la acción con un objetivo consciente, b) hace posible el trabajo sistemático y la invención además de enriquecer las cosas con significados.

Autor: Manuel Esteban

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