¿Por qué pensar? ¿Para qué pensar? ¿Qué pensar? ¿Cómo pensar?

Diego Sevilla

A menudo se tiende a considerar que el pensamiento aquilatado poco tiene que ver con lo cotidiano, con las circunstancias en las que se desenvuelve nuestra vida. Nos parece que el pensamiento académico, y más aún si es el filosófico, tienen poco que ver con nuestra vida real.

No fue ésta la postura de Locke; al contrario. Para él pensar fue enfrentarse a los problemas que tenía la sociedad en la que vivía y precisamente aplicó su mente para ofrecer las mejores respuestas a dichos problemas.

Sevilla 1Sin duda las circunstancias de su época contribuyeron a orientar su pensamiento. Sin embargo no resulta tan fácil establecer si fueron esas circunstancias una ayuda para que desarrollase sus ideas o más bien constituyeron un obstáculo. Quizás, como sucede tantas veces, podían ser las dos cosas y dependió de la actitud de Locke, y de muchos de sus contemporáneos, convertirlas en un reto y un estímulo para su pensamiento y su acción en lugar de un freno y un impulso hacia la cobardía.

Lo primero que subrayaríamos de Locke es su integración dentro de esa corriente de pensadores que tenían fe en la posibilidad de la persona para valerse de su capacidad mental y gracias a ella llegar a la verdad, guiar su vida, organizar la convivencia de la sociedad. Pertenece plenamente al siglo XVII, el siglo que en muchas partes de Europa estuvo caracterizado por la cultura barroca y, por lo tanto, por el predominio de la ficción y la ilusión, de la desconfianza en la capacidad para hallar la verdad pues todo se veía como aparente e ilusorio; por la distorsión de las formas, los contrastes entre luces y sombras, el desequilibrio y la exageración; por los poderes absolutos de los monarcas y las Iglesias. Contrariamente, en las Islas Británicas, se acrecentó la fe en la capacidad del hombre y más concretamente de su entendimiento y voluntad. Allí se anticipó de algún modo la actitud ilustrada, la confianza en la razón humana para superar la ignorancia, la superstición, la tiranía y construir un mundo mejor.

La diferencia británica, lógicamente, no era gratuita ni resultado del azar. De una parte, las disensiones político-religiosas condujeron a rebeliones armadas, dos guerras civiles, dos revoluciones, la ejecución de un monarca, una república y el establecimiento de una monarquía limitada, muy alejada del absolutismo que predominaba en la Europa continental. De otra, se iba asentado un grupo social formado por pequeños propietarios de tierras (gentry) y una burguesía urbana que junto con la visión virtuosa del trabajo y la riqueza del puritanismo serán básicas para el desarrollo de un incipiente capitalismo.

Sevilla 2No fue Locke un testigo pasivo de la evolución de su país. Su aportación fundamental será a través de un pensamiento que aportará soporte y seguridad a la vida intelectual, social, política, económica, moral… Para esta tarea contará con una serie de características propias de la sociedad en la que vivió. Citemos, en primer lugar, su formación y la relación con otros hombres que participaban de sus mismas inquietudes intelectuales. Cuando hoy en día pensamos en la formación de un filósofo nos cuesta relacionarla con las ciencias. Sin embargo, un campo clave de su formación e interés era la medicina y, más aún, perteneció a la  Real Sociedad de Londres para el Avance de la Ciencia Natural (la famosa y comúnmente denominada Royal Society), dedicada fundamentalmente a la promoción del saber experimental físico-matemático. Es importante valorar el peso que para cuantos formaban parte de ella tenía su oposición al principio de autoridad. Dicha oposición era tan radical que adoptaron como lema Nullius in verba, es decir, no se apoyaría ninguna exposición y planteamiento en los argumentos de nadie sino en experimentos y rigurosos razonamientos derivados de ellos.

Con estos planteamientos trabajaría Locke en lo que hoy calificamos como filosofía, teoría política, ética, economía, pedagogía… Y armado con la confianza en su capacidad para pensar y en su deseo de dar valor y seguridad al resultado de la actividad intelectual acometerá una de sus principales obras el Ensayo sobre el entendimiento humano, obra que sentará las bases del empirismo británico.

En ella encontramos su fe en la capacidad intelectual de los hombres y su empirismo: “[…] los hombres, con el solo empleo de sus facultades naturales, pueden alcanzar todo el conocimiento que poseen sin la ayuda de ninguna impresión innata, […].” (1.2.1.); su renuncia a entrar en temas inabordables desde sus planteamientos: “[…] Pero, que se suponga que el alma existe con anterioridad a, o simultánea con, o en algún tiempo posterior a los primeros rudimentos u organización, o en los comienzos de la vida en el cuerpo, es asunto que dejo a la discusión de quienes lo hayan meditado mejor que yo. […]” (2.1.10); su decisión de compaginar un moderado epicureísmo con la práctica de la virtud: “[…] ¿qué es lo que mueve al deseo? Contesto que es la felicidad y sólo eso. […]” (2.21.41); […] el verdadero perfeccionamiento de la libertad consiste en gobernar nuestras pasiones. […]” (2.21.41).

Por lo tanto, prestar atención a los escritos de Locke no sólo constituye una posibilidad de encontrar enseñanzas y estímulos para la reflexión; es, sobre todo, una ocasión para tomar conciencia de nuestras circunstancias y enfrentarnos a ellas desde un pensamiento propio e ilustrado.

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